¿Cómo comenzó

todo?

Pues, con un viaje y sin muchas pretensiones.

Hace años fuimos a Marruecos y quedamos obsesionados con unos pantalones bombacho o ‘‘tipo harem’’, en telas gruesas y tonos tierra, que usaban muchísimo los hombres allá. Los veíamos en todas partes y el movimiento nos recordaba el de un columpio. En ese entonces pensamos que el look y el diseño del pantalón podían adaptarse fácilmente a estas latitudes. Y nos regresamos a Venezuela con esa idea en la cabeza.

Comenzamos a buscar telas estampadas, colores tropicales y decidimos reinventar el pantalón bombacho, adaptándolo a la silueta de la mujer. Los pantalones resultaron femeninos, divertidos, originales, pero todavía no sabíamos si iban a tener aceptación. Por esa época, acudíamos a muchas ferias de diseño a vender y re-vender cosas que nos encontrábamos, y decidimos “colar” los pantalones bombacho entre nuestra mercancía, con la ilusión de vender alguno. En esa feria, los pantalones volaron, se nos acabaron rapidísimo, y todo el que pasaba por nuestro stand nos preguntaba por ellos. Desde entonces hemos ido poco a poco, avanzando con cautela en cada cosa que nos proponemos.

Más o menos así fue como empezamos en este negocio, emprendiendo por nuestra cuenta y sin un plan perfectamente delineado. Al principio, solo teníamos buenas ideas y muchas ganas de materializarlas, poco a poco fuimos ganando una visión de gerencia, manejo de personal, diseño de las nuevas piezas; fuimos pensando en ampliar y diversificar la marca, e incluso en contribuir con la comunidad, desde nuestra misma propuesta. Lo que al principio era solo pantalones bombacho, pronto se convirtió en vestidos, faldas, bragas, zapatos, bolsos, monederos, chalecos, shorts, sandalias e incluso una linea de accesorios. Una marca con piezas versátiles y estampados combinados.

Con el paso del tiempo, sentimos la necesidad de formalizarnos y hallar un espacio que fuera nuestro, que más allá de ser una tienda, fuese un espacio para compartir, hacer lluvia de ideas y poder desarrollar todos los proyectos que teníamos pensados para Columpio; es así como llega la tienda de El Rosal, nuestra primera casa.

Ya no eramos solo los chicos que iban a ferias de diseño, bazares, eventos de moda; teníamos una marca y nuestra primera tienda/oficina. Un espacio en el que nosotros y quien entrase pudiese pasar un rato agradable, no siempre con la necesidad de comprar, pero si con la intención de curiosear entre nuestros objetos y vivir la experiencia Columpio. Un espacio para sentirse cómodo, a gusto.

Apariciones en prensa, reseñas en revistas, desfiles de nuestra marca nos fueron posicionando como una alternativa, distinta, original, fresca; con propuestas adaptadas al clima y al sabor venezolano. Con la seriedad necesaria, pero sin dejar de ver nuestro trabajo como un juego, fuimos hallando un equilibrio entre el orden y la creatividad.

Poco a poco, fuimos construyendo nuestra filosofía Columpio, algo que tratamos de comunicar no solo a través de nuestras piezas, sino en cada uno de los elementos que nos representan; como la decoración de nuestras tiendas o los ‘‘objetos Columpio’’, una suerte de pequeños portales a los sitios donde buscamos tanto telas como inspiración; los ‘‘destinos Columpio’’ que tanto nos han enseñado en este viaje que ha sido convertir un sueño en una marca.